viernes, 12 de junio de 2009

MARCELA Y LA GUERRA
Amar a Marcela en la guerra
es meterse en los bolsillos una mancuerna de estrellas
amar a Marcela en la guerra
es irse cinco abajo
y dejarse emboscar por la rareza.
Amar a Marcela en la guerra
es avanzar fuego y maniobra hacia lo extraño
amar a Marcela en la guerra
es atizar a pija la costumbre
y explorar la locura mas extrema
es firmar un parte de amor
y retirarse ordenadamente sin ningún poema
despozolarce el corazón a punta de besos de contacto.
Amar a Marcea en la guerra
es odiar a los relojes
como se odia a los cuilios.
El olor del cuello de Marcela
es como levantarse a tomar café de palo
a las cuatro de la mañana.
Los ojos de Marcela
son como cuando se van los dragonfly
después de haberle tirado 16 bombas
a Guarumas
sin haber jodido a nadie.
Los labios de Marcela
son como el silbido
de Obus 105 mm
que cae lejos pero deja escalofrío en la espalda.
Acariciar a Marcela
es como tomar agua en plena retirada
consciente que hay que seguir caminando todavía.
Marcela es signo cielo arriba
es gata negra silenciosa.
Marcela es bajar la cuesta del río Torola
a la carrera.
Amar a Marcela en la guerra
es -a veces-
otra guerra .
M.

1 comentario:

Candela dijo...

yaja, que mas como te fue por el salvador?
Un abrazo