Nunca apareció su nombreen las tablas viejas del excusado escolar.
Al abandonar definitivamente el aulanadie percibió su ausencia.
Las sirenas del mundo guardaron silencio,
jamás detectaron el incendio de su sangre.
El grado de sus llamas se hacía cada vez más insoportable.
Hasta que abrazó con el ruido de sus pasos la sombra de la montaña.
Aquella tierra virgen le amamantó con su misteriocada brisa
lavaba su ideal y lo dejaba como niña blanca desnuda,
temblorosa, recién bañada.
Todo mundo careció de oídos
y el combate donde empezó a nacerno se logró escuchar.
Si a vos te hablo,
a vos que te suben el rango de la miseria
cada vez que te sale colgado otra tira del pantalon...
Para: L. Rugama.
Al abandonar definitivamente el aulanadie percibió su ausencia.
Las sirenas del mundo guardaron silencio,
jamás detectaron el incendio de su sangre.
El grado de sus llamas se hacía cada vez más insoportable.
Hasta que abrazó con el ruido de sus pasos la sombra de la montaña.
Aquella tierra virgen le amamantó con su misteriocada brisa
lavaba su ideal y lo dejaba como niña blanca desnuda,
temblorosa, recién bañada.
Todo mundo careció de oídos
y el combate donde empezó a nacerno se logró escuchar.
Si a vos te hablo,
a vos que te suben el rango de la miseria
cada vez que te sale colgado otra tira del pantalon...
Para: L. Rugama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario